Vencer


Cada día se vence,

sólo con acabar el día

sin que se hayan agotado las ganas

de volver a empezar un día más.

Si siento que he ganado algo, 

aunque haya perdido algo por el camino, 

por haber ganado,

sé que he vencido.

Sin orgullo mal nacido, 

si creo que no he llegado todavía el final del camino, 

si estoy casi seguro de querer seguir contigo,

antes de verme batiéndome en duelo,

he vencido.

No hay empate si siento que me miras, 

y la derrota ni me roza si me veo sentado

en la cresta de mis propias decisiones.

Gano la partida de hoy si,

en vez de proponerme cambiar lo importante de una vez por todas,

me concedo el espacio para dar únicamente

el primer paso

hacia lo que me hace feliz, 

y nada más.

Vencer no es dejar la vida en cicatrices forjadas

a golpe de pasado, 

y no es vencer el premio de consolación que se concede

al que permanece acurrucado en un rincón

porque todo ya lo ha empeñado.

Vencer es vencer aquí y ahora,

porque sigo luchando, peleando,

hablando, estando, vibrando,

latiendo, 

mientras me aferro, a pesar del precio, 

a la idea de, junto a quien me sabe ver,

volverlo a hacer;

querer volver a vencer,

es vencer.

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