Lo que el alma sea


Es curiosidad,

o eso creo.

Es curiosidad lo que ciertas tardes me ronda,

ensortijándome en la pregunta

de si más allá de la piel y el barro vivo

que parecemos ser,

hay algo sin forma pero lleno de la verdad más absoluta

que pueda ser pura esencia

que nos da sentido

y nos trasciende.

Si, es curiosidad,

pero nada más.

Porque en el instante siguiente al de nacer la curiosidad

la certeza de que saber si hay un alma,

de si tenemos un espíritu

o un ser que va más allá de lo que podemos acariciar,

saber todo aquello, definirlo o describirlo,

no es sino un trayecto que uno renuncia a recorrer

por aburrido, inútil

y seco.

No se lo que es el alma

nunca sabré lo que alma sea.

Es que me entristece forjar medidas

o zurzir nombres mientras aquello que quiero nombrar

se muere si no se le acaricia, si no se sugiere,

si no se le muerde, si no se le paladea.

Da igual lo que el alma sea,

me da lo mismo encontrar el material que está más allá del aquí

y el ahora.

Cuando sin hablar se ama,

cuando sin tristeza se llora,

cuando por simple verdad aplastante, y por un corazón quebradizo

la piel se eriza y el hoy se conmociona.

Cuando atraviesa la misma existencia

la última palabra que ella te ha dicho,

cuando el sueño del anhelo

y el anhelar soñando siguen vibrando

porque él acaba de estar contigo.

Cuando todo eso y más te hace desear dejar atrás lo conocido

para seguir sumergido en la sensación de haber nacido de nuevo,

cuando todo eso pasa,

no deseas otra cosa y sabes que el alma,

sea lo que sea,

la tuya, la del otro, la de ella, la de él,

no es sino el único sentido de estar aquí,

y la inercia enamorada

de seguir estándolo.

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