La vida guapa


Hoy sin avisar,

sin previo aviso,

sin ningún “para qué” arrogante,

la vida se ha puesto guapa.

La luz que a diario baña y guía los pasos

se ha perfumado con un brillo especial

que lo tiñe todo de única e irrepetible oportunidad

de vivir aquí y ahora.

Hoy las sonrisas están por todos lados

en cada esquina, en cada paso, en cada “gracias”.

Hoy las cosas que suceden, pasan,

y fluyen con una gracia que seguramente perderán.

Hoy los abrazos saben a todo,

menos a mi,

y hasta la soledad extiende un manto colorido

de posibilidad

sobre cada pensamiento que viene y va.

La gente corre a mi lado sabiendo cada uno ser

una perfecta obra maestra que sólo cobra sentido

al lado de otras.

Y los impulsos están más cerca que nunca de cobrar forma,

y las tentaciones pierden su sabor amargo y se abren

ante tí, que apartabas la vista de ellas,

y se sientan a tus pies a esperar pacientes.

Y lo que duele, duele, y lo que escuece, pica.

Y adonde tu quieras ir yo voy contigo

si tu quieres que contigo esté.

Hoy la vida se ha puesto guapa y da lo mismo

lo que vestía ayer y en lo que se enfundará mañana.

Y sospecho que hoy viste sus mejores galas para otro,

para otros

y, a pesar de ello, me quedo prendado mirándola,

sin descifrarla,

buceando en las ganas que me han crecido de repente

de agarrarla por la cintura,

haciéndola mía

sin importar por cuánto tiempo.

Hoy sigo añorando, sufriendo, echando de menos,

echando de más,

sigo teniendo sed de todo y hambre de pocas cosas,

entristeciéndome, enfadándome y robándome a mi mismo

las pistas para ser quien querría ser.

Todo sigue ahí, aunque en un sitio distinto,

detrás del deleite que produce la inesperada certeza

de que todo lo que tengo ante mi,

todo,

por ser lo que es y poder  ser mucho más

es extremadamente bello,

cuando la vida,

sin avisar,

se pone, como hoy, muy guapa.

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Las buenas personas


Estar perdido, o estar solo

es un estado frágil,

que puede partirse por la mitad

si tan sólo te tienden la mano,

en el momento justo.

Uno puede seguir perdido,

pero nada importa si ya no camina mirando únicamente a su sombra.

Esas personas que hacen que todo cambie

con sólo tender la mano,

esas son las buenas personas.

Esa gente que hace mudar cualquier preocupación

porque su sola presencia,

vestida o no de silencio,

ya vale por si la pena.

Las buenas personas son lo que hace que el futuro más incierto

cobre visos de posibilidad

de mañana alcanzable,

de certidumbre doméstica en la que sin duda alguna

uno se quiere instalar.

A las buenas personas no se las busca,

no se las espera.

Se las cree, se cree que sean buenas personas,

dando igual por cuánto tiempo lo sean.

A las buenas personas se las quiere, se las cuida,

se las respeta,

a las buenas personas hay que entregarlas a otras buenas personas.

Porque su mirada hace que todo cambie, que muchas de las barreras

más altas,

se derritan.

Las buenas personas no son un bien escaso que, por serlo,

haya visto incrementada su cotización.

A las buenas personas no se las rifan, las buenas personas están

justo a tu lado, sin esperar que caigas en la cuenta de que llevan siglos mirándote

embelesadas, con la mano tendida.

Ellas disfrutan de estar junto a tí,

porque seguramente tú seas la mejor persona para ellos.

Justo en este momento.

Las buenas personas pueden estar y estar en todos lados

en todos los tiempos

en todas las decisiones

en todos los silencios.

El suelo de tu vida, y el techo de tu anhelo

están repletos de buenas personas

que te llevarán donde tu quieras

si tu quieres.

Hoy se extendió el rumor de que las buenas personas no existen,

que son un cuento de los noticiarios,

y ya se formaron clubes que las persiguen

porque suponen una amenaza al negocio ruin de los mediocres

defensores del interés iluso, perverso, vacío; el negocio ruin

de ganarse el pan ocultando que todos tenemos temores.

Las buenas personas cuando están ahí,

están para escuchar lo que te pasa y responder

a la pregunta que hace que todo se tambalee,

aunque sea con un silencio

y una caricia.

Las buenas personas,

somos todos,

si queremos.