Juntarse


ÉL

De nuevo aquí. En la misma habitación del mismo hotel.

Sólo en el lavabo mientras ella espera fuera.

Pienso una vez más que las habitaciones de hotel me resultan

lugares especialmente acogedores.

Impersonales sitios en los que, al entrar, uno se desprende de todo aquello

que le rodea a diario.

Sitios anónimos en los que uno puede ser sólo eso,

uno mismo.

El agua, la vida, los últimos pensamientos de quien soy fuera de estos muros,

se van por el desagüe del lavabo.

Afuera hace un frío despiadado, y el marco del ventanuco

en forma de goterones de condensación,

llora por todo lo que allí fuera ocurre.

Miro al espejo por encima de las gafas, y allí estoy de nuevo.

En silencio, quisiera ensayar una sonrisa, pero se que de nuevo fracasaré.

Me seco el rostro humedecido, apretando los labios en una mueca severa.

No la oigo ahí fuera. Pienso en lo silenciosa que es y acaricio la duda de si puede ser ésta la

última noche en que nos veamos. La última noche en la que nos abrazamos.

Lentamente salgo del cuarto de baño. Apago la luz tras de mi y en silencio me meto en la cama.

Ella espera en silencio. Me da la espalda. Como siempre, como el primer día, como el último día que nos vimos

hace ya un mes.

Me acerco en un ritual que sospecho podría repetir un millón de veces. La acaricio el hombro; primero con el dorso de la mano, luego en una lánguida e interminable caricia con la punta de los dedos.

La abrazo y mi barbilla toca ligeramente su espalda.

Y espero, mientras el calor recorre toda mi espalda, mis manos, mi recuerdo.

Así abrazado, una noche más, siento su leve suspiro, y una vez más quiero creer que se estremece en el abrazo.

Y entonces sucede: ese punto, en ese lugar, es donde quiero estar, para siempre, sin importar el antes y el después.

Hace ya meses que dejé de bucear en la idea de si dormir abrazado a ella estaba bien o no, y dejé de calcular nombres

a esto que sucede cada poco tiempo.

Sólo quiero, una noche más, sentirme acompañado, junto, vivo, con sentido, mientras me pierdo

en el sueño más indefenso.. en el viaje al mañana más aterrador.

Cierro los ojos, creo que sonrío… pero afortunadamente, nadie me ve

nadie nos ve.

Y una noche más, nos dormimos abrazados, felices por unos instantes.

Y nada más ocurre.

Silencio.

ELLA

Ni siquiera se si algo habrá cambiado en él desde que comenzamos este viaje.

No habla, no me mira a los ojos. Pero me ha elegido. Y de alguna forma yo lo he elegido a él.

Paz y compañía es lo que recibo aquí, en esta habitación con él. No imagino una aceptación sincera más grande

que la que me da su silencio.

Quiere estar conmigo, eso lo se. Y yo no soporto la idea de dejarlo marchar.

En silencio me desnudo. En silencio para no romper todo lo que hemos construido.

Sin palabras, porque las palabras rompieron tanto en el pasado con todos los demás.

Se que cada noche con él, las dudas le separan de mí por un momento.

Pero también se que su forma de abrazarme no me engaña, cada noche.

Me recuesto en silencio. Cierro los ojos, le espero mientras cada poro de mi piel permanece atento.

El sonido del interruptor del cuarto de baño, y sus pasos pausados hacia la cama.

La caricia en el hombro, lenta, conocida, generosa.

Y su abrazo al fin.

Todo cobra sentido en ese punto y nada necesita tenerlo, salvo la irremediable certeza

de que no podría vivir sin regularmente,

dormir mientras me abraza.

Suspiro aliviada, y cuando el aire ha salido,

una leve punzada de vacío me pregunta en silencio

si él se sentirá como yo,

su calor me envuelve entonces,

una noche más.

Y sonrío levemente.

Y nada más ocurre.

YO

No hay pecado ninguno en el estar presente en cada momento que se vive,

y no creo que no hay infidelidad más reprovable que la que se puede cometer con

el corazón.

Ellos se encontraron por azar, y cada uno vio en el otro seguramente cosas muy distintas.

Hoy se juntan cada cierto tiempo sin más ánimo ni intención que dormir abrazados,

ya que la vida los ha traicionado en distintos puntos,

en puntos diferentes que, por paradoja,

les ha unido.

Abrazados, ahora duermen,

fundidos, juntos, en un solo momento,

en un solo cuerpo,

en una sola habitación de hotel,

mientras nada más ocurre.

Anuncios