Llorar a pesar de todo


Los motivos detrás de las lágrimas

le roban injustamente su maravilloso esplendor.

Llorar es uno de los gestos más maravillosos 

y bellos,

de los que es capaz un hombre, una mujer.

Las lágrimas acunan nuestras más íntimas verdades,

para dejarlas respirar, salir a flote, por unos instantes.

En el llanto nos aproximamos, con el llanto nos conmovemos, 

con cada gota de llanto nos cotizamos como seres

forjados a base de confianza.

Y cuanto más tiempo pasa, cuanto más vieja se vuelve el alma

más universo contiene toda lágrima, y por miedo a derrochar 

nuestro universo, ocultamos cada lágrima.

Tras llorar, el aire que respiramos a bocanadas se torna aliado,

la paz vuelve al pecho, el yo empata consigo mismo, 

y los demás dejan en el suelo sus armas y sus corazas, 

sus disfraces y sus artificios, para por un maravilloso instante,

sentirse próximos.

Fuertes y frágiles son las lágrimas,

maravillosos milagros que nos definen, nos subrayan y nos conjugan.

Míseros son los motivos tristes que las arrebatan, porque les dan mal papel,

las prostituyen, las difaman.

Lágrimas, las adecuadas, las justas, sin medida.

Llorar, llorar cuando toque, sin miedo, sin prisa.

Llorar a pesar de que no se entienda, 

llorar sobre todo cuando alguien sepa escuchar el leve

rumor de las lágrimas al deslizarse por el rostro,

que habla de todo aquello que hemos guardado

y que nos hace maravillosos.

Llorar a pesar de todo.

 

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