Con solo un destello


Cuando la luz se convierte en un vago recuerdo,

un sólo destello basta

para poder seguir adelante.

Cuando los días son especialmente sombríos,

precisamente entonces,

es cuando la fuerza de un leve gesto 

cobra especial intensidad.

Aquellas personas que saben poner una sonrisa

por delante de la importancia vacía de las rutinas

son las que se hacen imprescindibles.

Ser capaz de mirar a los ojos sonriendo, hoy marca la diferencia.

A un precio muy bajo, al precio ridículo de intentarlo unas cuantas veces

cada día,

a ese minúsculo precio cada uno tiene a mano la posibilidad

de cambiar absolutamente todo.

A partir de una sonrisa, de una broma, 

de un abrazo, de una risa,

todo cambia.

Cambia todo, hasta para uno mismo.

Un sólo destello es capaz de eliminar de un plumazo

la más densa e irremediable oscuridad.

La oscuridad, de hecho, es débil, siempre a punto a desaparecer, temiendo 

a que a alguien se le ocurra iluminar el hoy

con las ganas de salir de ella

de la mano amigable de otro.

Un sólo destello de risa,

es un hilo casi imperceptible 

y luminoso de vida.

Un hilo irrompible.

La risa es irrevocable.

Una vez resplandece, nada volverá a ser igual.

TÚ (you)


Menos mal que estás ahí,

liberándote de la sombra alargada del “usted”,

definiendo los límites del “yo” más perezoso.

Sabes vivir despreocupadamente, enseñándome

todo lo que hay que hacer para descubrir lo nuevo,

aquello que descansaba escondido de la consciencia.

Ayer ni sabías que existía y hoy me agarras por la cintura

y haces que sienta que una nueva vida se abre por delante.

Yo suponía que dentro del perímetro de mi piel

se contenía todo aquello que podría llegar a ser.

Pero tienes en tus manos, en tus ojos, en tus labios,

en tu aroma y en tu vivir, todo mi yo, 

el yo que está por venir, 

el yo que me descubres cada vez

que te acercas y sonríes.

Estás confío en que estarás, sin saber

que te miro de reojo, buscando que vuelvas

sin que todavía hayas abandonado la habitación.

Imprescindible compañía, necesario alimento de los días.

Estar contigo es algo que añoro con la desesperación del sueño

del sueño despierto.

Tú eres todo aquello que no soy yo hoy, 

predices lo que seré si sigo a tu lado.

NO permanecer solo, junto a los mismos, haciendo lo de siempre, 

ésta es la posibilidad de vivir de nuevo cada día.

Y ese es el secreto que cada día desvelas, TÚ.

El hoy ha de comerse al ayer


A veces ocurre

que hasta las palabras más inesperadas

te sorprenden con un significado

que desarma.

Hoy ocurrió.

No soy yo muy seguidor de este personaje,

pero leí una cita de Calamaro..

Una amalgama de palabras que él habrá olvidado, 

pero que hoy traspasaron mi piel.

A veces ocurre que las palabras, como las personas,

te calan aunque no lo hayan buscado.

El caso es que este señor dijo algo así como que:

“los días pasados no han sido más que un ensayo 

para este maravilloso presente”.

Toma ya.

Me parece hasta un atrevimiento decir algo más.

Casi me parece una torpeza.

Pero soy un torpe atrevido, hace mucho que me rendí

a esta obviedad.

No sólo se trata de hacer del tópico “carpe diem” un lema vital.

No sólo va toda nuestra película de estrujar cada minuto como si fuera el último,

no depende tan sólo de nuestro atrevimiento al vivir que esa misma vida

sea un camino que merezca la pena recorrer.

No es que únicamente se reduzca la verdad de nuestro futuro

a desechar todo miedo y vivir cada instante a tumba abierta

sin más balance que la certeza de que cada instante vuela

y no volverá.

Hoy tengo la certeza instantánea y eterna

de que más vale valorar el presente como lo que es:

el regalo más importante que uno podrá recibir.

Hoy pasa todo. Aquí y ahora.

Y aquí es donde hay que mirar.

Aquí y ahora existen las ideas del pasado y el futuro

que decidamos que nos puedan servir.

Nuestros recuerdos y nuestras aspiraciones

existen aquí.

Y aquí hay que desnudarlos para retratarlos.

De no hacerlo, el hoy se convertirá en una cosa vacía

que sólo dará frutos de nostalgia confusa.

Hay que mirar a lo vivido hoy.

Todo lo demás

es perderse en representaciones vacías

de lo que pudo ser o lo podría ser, 

olvidando que aquí estamos para estar,  para estar hoy

aunque sea sin querer estar.

 

Ideas que te rozan


Llevar tiempo acariciando una idea

no es algo que recomienden precisamente nueve

de cada diez especialistas en tener

buenas ideas.

Una idea que se acaricia en exceso, puede 

mutar en tentación y de tentación, 

tornar en obsesión o en adicción.

A las ideas hay que prepararles toallas limpias

y agua hirviendo para facilitarles la venida a este mundo.

Luego, como en cualquier autopista, hay que saber

cederles el paso, para que puedan incorporarse

a la circulación del resto de ideas sin que pueda haber mayor 

sobresalto.

Las ideas se tienen, pero por un corto espacio de tiempo.

Se observan, se analizan y se abandonan para que pasen

a ser otra cosa.

Pero sobre todo, con las ideas se flirtea y se juega.

Para que pasen a ser un pensamiento, un rasgo característico,

un plan, un cambio en la vida, un basta ya de esto o de aquello, 

un aprendizaje, un descubrimiento, o simplemente un destello

fugaz.

A este último estadio terminan desembocando la mayoría de ideas.

Las ideas son de de luz, o de humo, o de desesperación, 

o de inspiración. Buena parte de ellas están construidas de necesidad.

Pero todas ellas llevan un componente necesario, único.

Todas llevan ese ingrediente para ser ideas y no otra cosa.

Todas las ideas llevan algo de MAÑANA.

Por eso las ideas se contonean, se te insinúan y juguetean, 

para que bailes con ellas, para que las digas que son las únicas para tí

para que las abraces por un segundo, de una manera cálida, desesperada.

Las ideas te rozan para que te enamores de ellas, 

y luego las dejes marchar.

Te rozan para dejarte un regalo y las dejes escapar.

Un regalo que podrás abrir mañana,

si sabes esperar lo suficiente,

si sabes esperar

a otras ideas.