A tu estar


A tu suspiro quiero escribir

a tu sólo existir quisiera dedicar

cada segundo que cuelga de la ventana

de mi despertar.

A tu tímida sonrisa debo

cada brizna de fuerza que logro rescatar 

de entre los restos de mi voluntad.

En tus manos de dedos elegantes, largos y fuertes

y gentiles, quiero yo depositar el tesoro

del sueño al que vuelven mis caricias.

Es de tu boca de quien ansío escuchar 

aquellas deliciosas palabras que me hagan

despertar de la pesadilla 

de no llegar nunca a poderla besar, 

despacio, sin ansia, sin nada más,

que besar.

De tus suaves hombros, de tu aroma sin igual, de tus tardes en compañía

de tu tímido ademán,

espero todo y no espero nada,

nada más, amiga Vida, no espero más que tu

estar

 

 

 

 

 

 

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Indicaciones de “Abrazo”


“Abrazo” es un concentrado de la familia de las caricias

que actúa directamente sobre la generación de estados

de soledad, melancolía y desesperanza que comprimen habitualmente

las ganas de continuar.

Especialmente indicado en pacientes con trastorno crónico

de la esperanza . También indicado para el alivio sintomático

de cuadros de desamor, desengaño y apatía.

“Abrazo” contiene trazas de confianza concentrada,

potenciador de la apertura y desinhibidor 750, lo que debe ser

tenido en cuenta para valorar las dosis de entrega y recepción de “abrazo” en

sujetos con antecedentes de timidez severa.

“Abrazo” debe suministrarse bajo prescripción anímica propia,

nunca debe tomar ni dar “Abrazo” bajo prescripción ajena.

“Abrazo” ejerce un efecto bloqueante de la infelicidad, lo que

en algún caso puede presentar procesos de dependencia

y en ocasiones distorsión de la capacidad de conceptuar lo que es

felicidad.

“Abrazo” puede administrarse antes y después de las comidas,

y de los saludos y las despedidas, y de los silencios emotivos.

Se recomienda su uso impulsivo, espontáneo.

En caso de confusión emocional,  terror a la pérdida de dosis ,

o cuadros de compulsiva administración de abrazo, usted debe de

dejar la administración de “Abrazo”.

“Abrazo” no es un analgésico de la familia de los opiáceos.

“Abrazo” es sólo una maravilla que nunca debemos dejar en el fondo del botiquín,

escondido detrás del sentido del humor y de la sonrisa.

Su milagroso efecto es instantáneo.

Su caducidad también lo es, en caso de no usarse.

Tome y de “Abrazo” a cada rato, cada rato que quiera,

cada rato que necesite,

a cada rato, vamos.

Apriete fuertemente “Abrazo” durante la administración.

Se recomienda su uso cerrando suavemente los ojos y captando el tacto y el aroma del otro, sutilmente.

Los efectos terapéuticos de “Abrazo” de seguir estas indicaciones, pueden potenciarse en el tiempo.

 

Querida frustración, dos puntos..


Querida frustración:

Son ya muchos años los que llevamos juntos, muchos,

tantos que cuando me dí cuenta de que la había perdido (la cuenta)

llegué hasta a pensar que haber perdido la noción del tiempo era la mejor

señal que podía surgir en el horizonte.

Los recuerdos de cómo nos conocimos, de cómo empezamos a juguetear

son vagos, apenas alguna sensación que de vez en cuando quiere salir a la superficie.

Me acuerdo que nos presentó tu amiga prudencia y mi hermana timidez.

Pronto me miraste a los ojos y desde entonces no puedo apartar tu mirada.

Me has acompañado desde entonces, señalando cada momento importante,

precediendo cada decisión arriesgada, arropándome cuando nada salía,

abrazándome cuando del espejo no obtenía más que una imagen insignificante.

Nunca sospeché tanta fidelidad. Siempre has estado ahí, incluso cuando

nadie brindaba su apoyo.

Ahora entiendo que seguramente tú estabas ahí por eso.

Siempre has tenido un momento para acompañarme, para recordarme

hasta dónde podía llegar.

Siempre me has abrazado cuando no había más pasos que dar.

Siento decirte que hoy tu abrazo me ahoga como nunca creí que podría declarar

si, necesito mirar adelante solo, sin red.

Necesito echarte de menos, necesito olvidarte, necesito andar sin

sopesar a cada paso si mis andares son como los demás

o son un ridículo ademán que me devolverá a casa antes de lo previsto

para reencontrarme contigo y ocultarme de los demás.

Gracias por ser lo único que he tenido cuando la rabia acababa de salir por la puerta,

por estar conmigo cuando estaba solo.

Quiero seguir para saber si puedo ser yo u otros más que yo,

y descubrir por mis propios medios si eso es bueno o malo,

sin amargura, como parte del juego.

Asi que, déjame decírtelo querida,

déjame decirte que tienes todo en la puerta.

Por favor, no me llames,

no me escribas, no vuelvas,

ya no sabré entender lo bueno que podamos construir juntos:

Maldita frustración, vete al carajo, querida.

Una vez dejé de ser red para ser trapecista


Me acuerdo del preciso instante

en el que dejé atrás los nudos que describían

la red en la que me convertí hacía mucho tiempo.

Un instante pasajero por ser instante,

un instante que pasó rápido 

pero que permanece en mi retina

y en los ojos de mi recuerdo.

Yo siempre he sido red, respaldo , salvaguarda

espacio cómodo donde verter toda desesperanza.

Siempre he sido escombrera de tristeza,

de las otras tristezas.

La mejor escombrera que ha existido,

la escombrera que se llevó y se lleva todos los premios.

Es más sencillo vivir cuando sabes que hay una escombrera bien lejos

que tiene iluminado el camino de acceso.

Es más fácil saltar si lo haces sabiendo

que siempre hay una red bien tejida debajo.

Pero las miradas están puestas en el trapecio,

los focos apuntan allí, 

la red ha de estar, pero nada más.

Recuerdo el instante en el que ni siquiera pensé,

simplemente salté, giré

me revolví y me lancé

me balanceé

el corazón me golpeaba fuertemente el pecho, hasta casi hacer

que pudiese percibir el sabor de mis propias pulsaciones 

un extraño sabor metálico.

Me lancé a vivir como lo hacen los trapecistas

dibujando en cada giro una elegante figura, fluida

que no revela esfuerzo, 

sino gracilidad, un movimiento natural,

a la vez inigualable, insólito y extrañamente esperado.

Y me entregué por ese instante a la emoción que supone

la sensación de volar, de ser observado

de ser admirado,

giré sobre mi mismo,

ni recuerdo tener los ojos abiertos

en el momento de girar, de vivir, de dejarme impulsar por la inconsciencia,

y abrí los ojos y las manos, esperando asirme al trapecio tras el giro.

Por un fatal milímetro el trapecio quedó fuera de mi alcance,

y de la misma manera creí entender que tras ese fatal fallo de cálculo, 

la red amortiguaría mi caída

sin ni siquiera sospechar, que debajo de mí no había más que vacío.

Caí, fatalmente.

Soy red. La mejor.

Siempre lo fuí, y es estupendo serlo.

Fué mágico ser trapecista.

Es triste no poderlo ser más

porque no hay más red que 

yo.

CONSEJOS


Nunca he sido yo de recibir y digerir bien los consejos.

Desconfío de ellos, me cuesta seleccionarlos, cuesta 

que me traspasen.

Me parecen trozos amputados artificialmente de la vida de otros

que esos otros te tiran encima, con rara vez una intención

absolutamente inocente.

Se han dado miles de casos de fracturas abiertas de vida

provocadas por un lanzamiento de consejo bien intencionado

directamente a la cabeza.

Por eso precisamente no los doy, no no.

No soy yo de dar consejos, no soy nadie para hacerlo.

Dar consejos es un acto de arrogancia, una cosa muy fea, 

supone valorar más la experiencia propia 

que la capacidad ajena de descubrir lo mismo que uno descubrió,

por sus propios pobres medios.

Por eso digo, deja de dar consejos,

y vive, vive queriendo vivir,

pasando todas las páginas que haya que pasar,

pasando especialmente las que se empeñan en quedar pegadas,

las que nos anclan inútil y egoístamente al pasado,

a aquello que fuimos odiando serlo.

Otorga a tu futuro la posibilidad de llegar y desarrollarse, 

dale la oportunidad de ser un lugar maravilloso, donde pasar lo que queda de días.

Empéñate en que lo sea.

Mira con cariño a tu futuro, acaricia a tu presente 

y se indulgente con tu pasado.

Perdona. Descansa.

Perdónate y perdona.

Sobrevive a tus miedos, no los esquives.

Camina por tus segundos, pasea deleitándote por la vida de los demás.

Y corre, corre rápido, sin mirar atrás,

pero hazlo únicamente cuando te de la realísima gana.

Hazlo solo entonces.

Sonríe mucho. Sonríe tanto que todo lo que preocupe languidezca 

y pase a un plano secundario porque tomarte esas cosas en serio, 

al sonreir, parezca una opción ridícula.

Besa, abraza, comparte, hasta convencerte de que era mucho más importante 

de lo que pensabas.

Porque todavía no se ha encontrado nadie que no disfrute haciéndolo una vez

que aprende que debe abandonarse a cada beso y abrazo.

Y llora, llora cuando toque, para sacar todo lo que te está impidiendo hacer 

todo lo demás que has de hacer. Llora para liberar a tus decisiones de todos los lastres

que involuntariamente les fuiste colgando: el compromiso, la timidez, la duda,

la pena.

Se persona. Se frágil, se fuerte. 

Admite que te equivocarás.

Escucha y aprende, porque es exactamente lo mismo,

y es lo que abrirá la posibilidad de cambiar,

de ser mil personas sin dejar de ser tú mismo,

a lo largo de toda tu vida.

Respeta, y vive.

Y deja de dar consejos.

Deja de hacerlo, como he dejado de hacerlo yo.

Que no soy nadie para dar consejos.

O menos que eso,

solo soy quien los da.

Como tú. 

Inútilmente, compulsivamente.

Pero una vez que lo ha hecho, después de preguntarse por enésima vez,

porqué no lo evité una vez más,

decide que no pasa nada por darlos, 

tampoco es para tanto.