Lo bueno y lo malo de lo súbito


La vida se va a sucediendo a si misma,

los momentos van pariendo a otros momentos,

y los momentos nos dibujan a nosotros mismos.

No hay planes, la vida no tiene intención.

Simplemente pasa.

Y sus dobleces a vecen nos golpean y otras veces

nos impulsan a continuar.

A veces creemos haber encontrado un patrón,

creemos que si seguimos haciendo aquello que nos 

ha salido bien una y otra vez, llegará a pasar aquello que preveíamos.

Y a cuando dramáticamente tiene lugar aquello que llamamos

revés del destino, es entonces, cuando quizá caemos en la cuenta: 

no había patrón, ni guión ni plan preconcebido.

Quizá ni siquiera la vida tenga un sentido más allá que el de vivirla.

El caso es que los giros no avisan.

Ocurren y punto.

Y cuando ocurren habiendo albergado una absurda esperanza de haber encontrado

el patrón que siguen los momentos, no podemos evitar sentirnos traicionados.

Ni que fuéramos tan importantes como para que los minutos futuros nos sean fieles.

Las cosas, las buenas, las malas, ocurren de súbito.

Y le hemos concedido versión de realidad al hecho de que 

las desgracias nos ocurren de pronto.

No somos nada, nos repetimos, nos repiten 

e insistimos a los demás, en un afán estúpido 

de parecer clarividentes.

¿Qué quiere eso decir?, ¿que estamos a merced de la vida?, 

¿que el tiempo no nos incluye en sus planes?, ¿qué debemos aferrarnos a los buenos momentos y vivir intensamente porque no sabemos qué depara la próxima esquina?.

¿De qué sirven las afirmaciones vacías que mientras se pronuncian ya se olvidan?.

Efectivamente, las desgracias llegan de súbito. 

Pero también lo hacen las alegrías, las felicidades.

De pronto uno se siente feliz, de pronto le sonríen a uno, de pronto todo se pone de cara.

Y puede que todo se desvanezca de pronto, y puede que no.

Lo más maravilloso que puede uno sentir o experimentar, ocurre de súbito, sin avisar.

La vida nos embriaga o nos envenena.

De súbito.

La vida nos pasa y pasamos por la vida de momento en momento, de situación en situación.

Y vamos siendo quienes decidamos ser, a base de entender, que un segundo súbito de felicidad, puede hacer olvidar la carga más amarga.

No nos movemos más que por esos momentos súbitos y sublimes, por los que merece la pena todo.

 

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PESIMISMAMENTE


La gente comenta que el pesimismo es una consecuencia de 

ciertas cosas que nos han ido pasando, pobrecitos de nosotros.

En este punto de la experiencia, me paro y digo que TODO LO CONTRARIO:

más bien nos pasan ciertas cosas si nos vestimos cada día del pesimismo.

De la misma manera, es más que probable que comiencen a pasarnos cosas 

de color distinto, si empezamos a enfundarnos y a enfundar todo 

de una visión más optimista.

Y se puede, claro que se puede.

Y siempre merece la  pena.

Pero desconfiamos, porque nos hemos acostumbrado a pensar 

que ser pesimista es lo más inteligente.

Pues yo digo que el pesimismo no es más que una idea

de prudencia que tuvimos en un momento dado

y a fuerza de refugiarnos en ella, se corrompió.

El pesimismo supone ir cargado constantemente 

con el burladero.

El pesimismo consiste en plantarte uno solito una fila de 

cipreses a dos milímetros de los ojos, para así no tener que 

plantearse uno nunca que el bosque está al otro lado.

Si, el pesimismo sólo es una consecuencia de lo que nos pasa cuando queremos 

creérnoslo.

Porque nos lo repetimos hasta la saciedad: soy pesimista porque no tengo más remedio, ya poco más me queda por hacer.

El pesimismo, por tanto, se convierte en el fin de una vía muerta en la que nosotros solitos entramos.

Simplemente porque la conocemos.

Y luego buscamos clubes ridículos de gente que profesa ese gusto por las vías muertas.

El optimismo no es un sueño, no es una opción.

Es una necesidad que impone tener tiempo por delante.

El pesimismo no es más que una miopía en la que nos refugiamos 

para seguir soñando con lo que nos gustaría tener y ser.

Es un cristal ahumado que perdió todo su color, y que desdibuja

toda oportunidad de encontrar un momento feliz.

El pesimismo no existe. Existe la rendición.

El optimismo existe, porque lo que no existe son las ganas de no ser feliz.

Rie, llora, vive, siente, prueba, toca, sueña.

Y no te niegues la oportunidad de hacerlo.

Siempre hay tiempo.

Siempre.

 

Sonrisa


Una sonrisa 

se agota en un instante

pero dura toda una vida.

Una sonrisa a veces

es lo único que separa

a la desesperación más absoluta

del mañana.

Una sonrisa es en ocasiones

un grandísimo esfuerzo,

lo es en las ocasiones

en las que uno pierde

el sentido de todo.

Y a pesar de no tener sentido sonreir,

hacerlo, 

hacerlo entonces, es lo que puede 

darle sentido a todo.

Una sonrisa es apuntarse

a seguir adelante.

Una sonrisa es aceptar 

lo que viene y lo que está por venir,

aceptar que lo que pase y lo que pasará

sólo nos pasará para hacernos 

mas fuertes, mejores.

Una sonrisa es acariciar 

la vida de los demás con

la propia.

Sonreir es necesario,

debería ser obligatorio

saber sonreir

de verdad.

Para los demás,

y para uno mismo, 

sonreir, es el inicio

y es el propio camino.