Confesión


Yo soy una verdad que vive presa

de la vergüenza de su dueño.

Soy la verdad más auténtica que no recuerda desde cuándo vive presa.

Quizá nací ya cautiva.

Soy una liberación soñada. Soy un simple sueño al que no se le permite despertar.

Soy la idea que, por ser la que más contiene de quien la alberga, más tiende a protegerse.

Y se entierra bajo otras ideas superficiales y bajo disimulos.

Quiero vivir, y quiero salir.

Y espero a ese amigo o a ese total desconocido.

Espero a quien no me encuentre utilidad ninguna, en definitiva. A quien no me encuentre una utilidad para si mismo, para salir, para vivir, para tomar forma.

Para solidificarme en forma de palabra pronunciada.

Te espero a ti para hacerme real.

Para cambiarlo todo. Por fin.

Soy aquello que no te atreves a decir porque igualaría el yo que los demás ven con el que tú mismo percibes, en tu interior, aquel que no te gusta tanto, aquel que no crees que se vaya a entender del todo.

Soy aquel deseo irrefrenable, aquel sentimiento que te da la vida pero que, de contarse, no crees que pudieses controlar.

Soy la opinión que más te identifica, el grito que te palpita en la garganta.

Soy la liberación absoluta, el perdón de uno mismo.

Soy aquello que sigue y seguirá oculto a la vista y el oído de la mayoría para poder seguir cautivo de la imagen que elegí dar y así seguir soñando con la libertad más absoluta y desnuda.

Como quien sueña con aquello que sabe que quizá nunca alcanzará.

Soy todo eso, hasta que, sin haberlo planeado, me transformo en susurro, callado, ahogado, válvula de escape, palabra necesaria que todo lo cambia y que lo hace para poder seguir viviendo, pasando a otra fase.

Me transformo en confesión, que sólo es el envoltorio disimulado de todo aquello que necesitamos decir para pasar a ser quien nos gustaría (y no nos atrevemos)  ser.

Confesar, para purgar los pecados, para liberar carga, para quedar en paz.

Para nadar en verdad.

No haría falta confesar si no hubiera que temer.

Y poco hay que temer si hay poco que confesar..

Soy sólo verdad. Verdad para mi misma.

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Lo único


A todo hijo de vecino le emociona lo exclusivo.

Tener un coche que nadie tiene, haberse hecho una foto con aquel famoso, 

ser el único que accede a una determinada plaza.

Estamos acostumbrados a todo lo que se fabrica y se diseña en serie, que 

cuando asistimos a algo verdaderamente genunino, tenemos la sensación de estar frente

a un verdadero milagro. 

Lo complicado de la vida, sus dificultades y lo traumático que es vencer sus obstáculos, hace que recurramos una y otra vez a las mismas soluciones. Recurrimos a las soluciones que les sirvieron antes a otros; imitamos.

Cuando alguien adopta una actitud especial y nueva frente a la vida, frente a los dobleces que tiene, su ejemplo construye un momento electrizante, convirtiéndose en un tesoro en si mismo. 

Otro ejemplo que imitar.

Lo exclusivo, lo genuino, lo único, es inolvidable; pequeñas muestras de lo maravillosa y conmovedora que puede ser la vida.

Las personas únicas, inimitables, que nos son auténticas y verdaderas, son aquellas de las que no nos queremos separar.

Nos recuerdan todo aquello que tenemos en común y todo aquello que no somos, que no seremos y que nos gusta observar y disfrutar en otros. 

Aquellas personas únicas, nos aportan, nos hacen ser únicos, importantes, próximos.

Porque son lo que son, independientemente que quienes deciden ser los demás.

Y nos dan esperanzas de que podremos decidir qué vida seguir por muy difíciles que se pongan las cosas.

Porque lo más bello es aquello único e inimitable.

Y aquella persona única en quien piensas, precisamente por la que te mueres por seguir viendo, una y otra vez, hace que uno entienda que la belleza está justo aquí al lado.

 

Cumpleaños Fermín


– Feliz cumpleaños, Fermín!.

– Ay, calla, calla, que yo ya no cumplo años..

-¿Pero por qué dices eso, si cumplir años es lo más bonito que hay?.

– No, no, yo ya no voy a cumplir más. Me voy a quedar así, como Peter Pan, como Galindo. Voy a ser un ser atemporal, incorruptible. Joven para toda la vida.  Y ya está.

– Tu lo que estás es bastante gilipuertas, Fermín, por no decir algo más gordo. ¿Me quieres explicar de dónde te ha venido la idea esa de que no quieres cumplir años?.

– Ayayayai, tú si que eres bonito! No quiero cumplir años porque ya estoy muy bien como estoy. Tal cual. Que pase la vida para los demás pero no para mi. Ayayai, ¡qué triste hacerse mayor!, por no hablar de lo que me suenan ya las rodillas cuando intento levantarme… Ayayai, que penita!.

– Pero Fermín, todo el mundo va cumpliendo años y está feliz… Bueno, hay ratos de todo tipo, pero lo importante es vivir y vivir para contarlo.

– No bonito, yo ya he vivido todo lo que quiero vivir. Ahora solo quiero sentarme en esa esquinita, con una rebeca sobre los hombros y dedicarme a acariciar mis recuerdos, que están hechos de chocolate y seda. Eso es lo que quiero, bonito.

– ¡No me llames bonito, Fermín, que sabes que me molesta! Deja de decir tonterías, anda. El tiempo pasa para todos. 

– Pues eso, que pase y que se tome algo, bonito. Ayayayai, cómo está todo de mal!. Como para ponerse a cumplir años uno así sin ton ni son. No no no, ayayai, yo quiero ser como pipi calzaslargas; pelirroja, vintage, libre y rebelde!. Y quiero sus paletas y sus coletas!. Y los muslos de Mazinger Z. Ayayai, bonito, que no quiero ser mayor!,

….

Vamos a ver, Fermin, hemos venido todos para felicitarte, te hemos comprado un regalo y hasta nos hemos planchado la raya del vaquero… Deja de montar el numerito.

Ay! haber empezado por ahí, bonito! Con lo que me gusta a mí una celebración y ser el centro de atención!. Un abrazo, bonito!.

…….

Feliz cumpleaños, Fermín.

Agradar


No hay nada de malo en agradar.

Agradar es procurar momentos que están próximos a la felicidad a los demás.

Aunque sólo sea por un instante.

No me parece mal propósito.

Algo que es de mi agrado, lo incorporo. Buscaré mantenerlo. Repetiré.

Lo mismo me pasa con las personas. Quien me agrada tiene muchas posibilidades de,  a tardar poco, convertirse en una de aquellas imprescindibles que cambian la existencia por completo.

Y quiero pensar que si proporciono agrado, pues pasará lo mismo, pero al revés.

Agradar, es allanar el terreno a los demás, en el tortuoso transcurrir de la vida.

Es alisar el accidentado camino que nos comunica y, al mismo tiempo nos separa.

Agradar es eliminar cualquier otra opción o sospecha en la relación con los demás.

Es todo eso, si lo es de verdad.

Una sonrisa, un gracias, un detalle, un estar.

Si el agrado es sincero, como lo son todas las emociones, ¿para qué rebuscar?.

Agradar por agradar, dicen, es un acto casi inmoral, un infame objetivo en la vida, la máxima de los pusilánimes, el credo de los pelotas.

Agradar para agradar, digo, es un acto de generosidad.

Agradar por agradar sólo implica un grado triste de soledad de quien busca agradar.

Porque debido a que este mundo se pudre por haberse ido por el desagüe de lo material los más imprescindibles valores,

son ya muchos a los que sólo les queda intentar agradar en soledad de espíritu porque hace tiempo que nadie siquiera piensa en agradarles a ellos.

Y sueñan con esa caricia que ellos mismos saben que no cuesta tanto dar.

Agradar, querer dar lo que tanto nos gusta recibir.

Un gesto simple de humanidad, que íntimamente esperamos que nos venga de vuelta.

Solo es cuestión de empezar, en vez de sólo esperar:

absolutamente todos los que leéis estas líneas desde hace ya tiempo sois, de alguna u otra forma, seres realmente especiales para mí, y os aseguro que de la misma u otra forma, mi vida cambió desde que os incorporásteis a ella.

Gracias.

La vida trepadora


En un patio sombrío,

donde los minutos se congelaron,

en lo más profundo de un silencio 

amargo, 

también allí, brota la ilusión por vivir.

Brota y despunta entre la desesperanza.

La ilusión y la vida trepan 

por encima de la vida misma, 

a través de la desesperación.

La vida se abre paso, ante todo, frente a todo.

La ilusión por vivir puede 

con tantos segundos de miedo 

con tanto dolor, con tanta nada..

que es lo único cierto, la única verdad.

La vida sin ilusión no es nada,

la ilusión sin vida no sirve.

La luz sólo existe en medio de la oscuridad,

la vida brilla más cuando rodea todo el miedo

por perderla.

La ilusión por vivir sin miedo es el brillo a mantener,

cuando vuelva de nuevo la más cotidiana

oscuridad.