Ahora en serio


Últimamente oigo mucho frases del tipo: “qué serio te has puesto, pensé que te pasaba algo”, o “qué sorpresa me he llevado contigo, como siempre te he visto tan serio..”.

Habitualmente observaciones de este tipo pasan desapercibidas para mi.

Pero ya van unas cuantas. Si, resulta que los demás se sorprenden conmigo. Y por sorprenderse los demás, termino por despistarme yo mismo.

Siempre de buen humor, siempre de chistes, siempre amable, siempre, siempre.

¿Siempre? Obviamente no. Pero lo de obviamente no parece ser tan obvio.

Es habitual que esperemos algo del comportamiento de los demás. Dibujamos mapas y esquemas simples sobre los demás. Prevemos sus actos. Etiquetamos a los amigos y a los que no lo son.

Es habitual.

¿Pero con qué identidad me quedo yo sobre mi mismo?. ¿He de comprar los mapas que de mi dibujan los demás?. A estas alturas, ¿qué espejos son los más fieles, los más fiables?.

¿Con qué reflejo he de quedarme hoy?.

El otro día, a uno de estos que me dijo algo así como “hay que ver lo que me río contigo, nunca pensé que me pasaría; como te veía tan serio…”, le contesté:

“es que soy serio, muy serio”.

Se rió, enmudeció. Se giró y se fué.

Creo que no supo digerir las palabras. No sabe si estoy de broma o no.

Mala cosa. 

Soy muy serio. Esto me sigue resonando en la cabeza. Como un eco.

No es un mantra del que me quiera convencer. No es un objetivo que quiera alcanzar.

Es un pesar. Soy muy serio y todo es serio para mi. 

Reir y hacer reir es un reflejo, una necesidad. Una válvula de escape que una vez aprendí y que sigo usando porque realmente funciona.

Soy serio y, como todos, pretendo que como tal se me tome.

Pero pido mucho quizá. O se es serio o no. 

Si hay que elegir, que me tomen por lo que sea.

Me reiré con vosotros, pero no me cabe duda.

Soy muy serio.

 

El otro


Miércoles tarde-noche. Tras una espera angustiosa, en una oficina repleta de luz artificial, fría. Una oficina en el que el continuo ir y venir sigiloso de un buen número de gente solamente inspira soledad. Una lástima.

En la sala 5. Justo al final del pasillo.

– La verdad es que no se cómo decirte esto. En fin, sabes que hemos hablado en más de una ocasión de que esto no podía continuar así.

– Si, lo se.

– Siento profundamente tener que decirte esto hoy. Pero estás despedido.

Silencio.Indecisión. Angustia.

Silencio. Quizá sea lo mejor.

– Por lo menos… ¿puedo despedirme?.

– Si, claro, er… bueno, puedes recoger tus cosas y despedirte, en fin, quiero decir.. bueno, la fecha de efecto del despido es de hoy pero no hay prisa si…. en fin, despídete, es lógico.

– De acuerdo, (cogiendo los papeles y firmando), esta copia es para mi ¿no?.

– Si, si, claro. 

– Bueno….

Silencio. Parece que el tiempo hace ya rato que se ha detenido.

Y, de pronto, la situación ha pasado.

Al inicio del día no supuso que acabaría así. De pronto vió que absolutamente todo depende de las más frágiles circunstancias.

En un instante todo se desmorona. 

Solo en casa, los pensamientos se agolpan. Se amontonan. El vacío más absoluto se ha posado sobre su existencia. Nunca creyó verse en una situación así. Vacío.

Sin ganas de seguir, ella se fué. Ella le dejó, y continúa sin rumbo desde entonces. Las cosas no funcionaban en el trabajo desde hace tiempo.

Las amistades poco a poco se han convertido en extrañas convivencias. 

Todo es extraño.

Y ahora esto.

Cada minuto y cada momento se clava en el pecho. Las ganas de continuar hace siglos que se convirtieron en un artículo de lujo.

Y el último muro le parece infranqueable.

El muro de su conciencia.

Una conciencia limpia era lo último que le quedaba.

Y ahora tiene clavados sus ojos, llenos de lágrimas.

Y no sabe que hacer con esa palabra que le dijo mientras recogía los papeles y le miraba, llorando: “gracias”.

Hoy ha despedido a alguien que le dió las gracias simplemente por resultar humano.

Hoy le ha arrebatado a alguien el futuro. Y todo hubiese sido más fácil si hubiese protestado.

Hoy siente que todo ha acabado.

Por lo menos, hasta mañana.

—–

 

Todos sufrimos. Todos. Pero siempre menos que otro.

Cuidado, no vaya a ser que te lamentes delante suyo.