Errores


Punto y seguido.

Y aparte.

Hoy leí que los humanos somos los únicos seres que conocemos que vuelven una y otra vez sobre sus propios errores para repasarlos y castigarse por los mismos. Una y otra vez.

Y bueno, el gusanillo que asomaba la cabeza de mi conciencia desde hace unos días, el gusanillo de volver a escribir, de un brinco se me ha vuelto a colgar de la chepa.

Y como soy facilón y la anterior etapa de este viaje está más que cerrada, pues aquí estoy liado otra vez.

El caso es que se ha hablado y escrito mucho sobre la naturaleza de los errores, y su diferencia con otros conceptos como la imprudencia, la negligencia, etc..

Pues si, que si son cálculos descuidadamente realizados, que si son desórdenes en la coherencia entre la intención, la acción y sus resultados, etc.. Un largo etcétera, compuesto por miles de definiciones, muchas de ellas ininteligibles para mi.

Y no te vayas a creer, que muchos de los que han hablado sobre los errores son gente que ha leído mucho. Mucho y bien. 

O sea, que no voy a ser yo más papista que el papa.

Si, si, gloria pura: definiciones que tienden a desligar la comisión del error del sentimiento de culpa de su autor por “inexistir” responsabilidad por no haber intención, otras que se centran en el carácter imprevisible del error, otras que mueven la noria alrededor de las consecuencias de los mismos. Un sinfín de intrincados caminos de significado que se cruzan.

El caso es que el error se ve como algo malo. Algo a evitar. Algo que nos traerá perjuicios. Que nos va a doler de una forma u otra. 

Así lo vemos y gastamos un montón de tiempo en aprender a minimizarlos y a convivir con ellos y sus consecuencias negativas. Aunque los montones en un sentido y en otro no son precisamente iguales.

Y si, volvemos una y otra vez sobre ellos. Nos recreamos en sus detalles. Imaginamos alternativas a veces ridículas a lo ocurrido, nos lamentamos, nos castigamos. Hacemos de los errores rasgos de nuestra personalidad. 

Latigazo, latigazo.

Y alguna vez, casi siempre, aprendemos de los mismos.

Pero aunque aprendamos sobre lo que nos trajo un error y rectifiquemos mirando con decisión al futuro, seguiremos volviendo sobre ese punto, sobre ese momento, sobre ese error.

Aprendemos a olvidar. Olvidamos el daño que nos han hecho. Pero rara vez olvidamos nuestros errores y su carga negativa. 

Por llamar la atención, quizá porque estando insatisfechos con nosotros mismos captaremos esa atención de los demás, aquellos que siempre tienen la razón porque son mejores que yo, porque nunca cometen errores como los míos..

Pues hete aquí que durante los años de mi adolescencia cometí un montón de errores sobre los que vuelvo habitualmente. 

Para no aburrir, elegí mal ciertas amistades, a las que permanecí ligado durante unos años.

Estos años fueron años de generación y maduración de grandes complejos que me acompañaron durante años. Que me acompañan hoy. Me equivoqué no evitándolas, me equivoqué muchas veces no plantando cara. Errores. Errores sobre los que vuelvo y sobre los que me lamento.

Hoy tenía en brazos a mi maravillosa segunda hija y he hablado con un ramillete de buenos amigos.

Permanecer ligado a aquellas infames amistades me llevó a estudiar bachiller en un centro donde conocí a mi actual mujer, donde me recomendaron la carrera que posteriormente estudié (otro error), carrera que me abrió las puertas de mi actual trabajo, trabajo, carrera, bachiller y relaciones que me han traído a la vida a personas y situaciones maravillosas. Muchos estaréis leyendo estas líneas.

Si. Solo he pensado por un momento que los errores, además de ser pedacitos de infelicidad en el presente y en el pasado, traen de la mano la capacidad de generar felicidad en el futuro. 

Y solo he caído en la cuenta cambiando la forma de mirar a mi pasado. Intentando verlo en su conjunto, con todo lo bueno y lo malo que ha ocurrido y sin desechar la conexión de estos capítulos negativos y positivos.

Mi vida, con todo lo bueno que tiene, es fruto directo de mis éxitos. Pero hoy quiero pensar que todavía es más consecuencia de mis errores.

Y cuando lo veo así, mis errores parecen menos errores.

O ¿quizá pase que los errores no existen y sólo existen las decisiones tomadas?.