Volver a empezaaaar


Todavía parece que estoy viendo a Jose Luis Garci con el esmoquin ese todo petaito medio tropezando entre las gradas repletas de estrellas del cine americano para recoger su Oscar a la mejor película extranjera allá en los 80.

Volver a empezar era el nombre de la película. Y Chanquete lloraba entonces de emoción.

Todo muy bizarro, pero como suele ocurrir en la infancia, de alguna manera, todo pasa a formar parte de uno.

Y el nombre de la película, por sonar en un momento histórico, se me pegó.

Y de alguna manera, viene sonándome lejos la importancia de la expresión: “volver a empezar”. Pero durante muchos años, no le he hecho ni caso a ese sonido.

Volver a empezar. Mola. Suena a renovación y a refugio a la vez.

Si, y ahora me toca la voltereta semántica marca de la casa.

Hoy hemos pasado una noche toledana. Una de esas en las que las horas pasan lentas, y uno no puede dormir, y a la vez se acerca como una losa la hora en la que tendrá que irse a currar.

En fin, una pena. Nada del otro mundo, pero una pena.

Pues el caso es que, como siempre ocurre, uno se queda dormido unos minutos antes de que suene el despertador.

Pero llega el momento. Siempre llega. Suena el despertador. Lo apago cansinamente. Silencio. La respiración profunda de tu pareja al lado. Calor dentro de la cama. Frío fuera.

Uff…. cómo cuesta salir. Cómo cuesta encontrar un motivo claro para hacerlo.

Pero la costumbre tira de uno y finalmente uno se levanta.

Y bueno, el resto ya lo sabéis. Todo se sucede de una manera normal.

Pero el caso es que ese momento al principio del día y la dificultad de encontrar un motivo para afrontarlo, dificulta mucho el seguir siendo un optimista de pura raza.

Y bueno, pues con esa idea me he quedado a lo largo del día.

Pero resulta que ha llegado el momento de llegar a casa. Tarde, como siempre. Cansado, como casi siempre.

Pero como casi siempre sonrisas, cariño, comprensión… Y poco más.

Y nada menos.

Si, volver a empezar nunca fué más dulce.

Porque de nuevo con un café, pongo el contador a cero delante de esta página en blanco tan imprevisible.

Tener la suerte de volver a empezar. Como a uno justamente le de la gana.

Es un lujo al alcance de todos y solamente unos pocos aprenderemos a saborearlo.

Volver a empezar.

Vale.

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