Mil vidas


Cuando todo se ve mal, cuando las sensaciones no son buenas, cuando el desasosiego, la tristeza y esas mierdas se apoderan de uno mismo, uno mismo entra en una vorágine complicada de deshacer.

Si, una espiral bastante peligrosa.

Como suele ocurrir, uno se encuentra por casualidad con una parte de la realidad que explica este fenómeno de la espiral de pesimismo.

La casualidad hoy ha venido de la mano de quien es capaz de hablar de algo con normalidad, con sinceridad, sin preocupación,  y uno solito le encuentra el paralelismo a ese algo con lo que realmente le tiene preocupado u ocupado.

Estos reflejos de la vida son deliciosos. Lo son porque de una colleja repentina te hacen salir de esos bucles odiosos.

Pues eso, que estaba yo revolcándome en mi propio estiercol emocional cuando oigo que un amigo suelta:

” (..) menos mal que todos los días son distintos (..)”

Tela marinera.

El Oscar a la obviedad me van a terminar dando.

Pero esta obviedad, hoy, encierra para mí un significado que me ha sacado de la zozobra..

Resulta que mucho del pesar que yo mismo (y solito) me fabrico radica en que, en el fondo, sospecho que durará para siempre.

¡Qué alivio tan grande si en el fondo, de manera íntima y profunda, supiese que todo dolor, tristeza, pesimismo.. tiene un final cierto!.

Y claro que lo sabemos. Ya se dice desde hace años lo de que “no hay mal que cien años dure”.. Pero hay que ver lo que cuesta interiorizar y creer afirmaciones como ésta..

Hoy, creo que haber caído en la cuenta de que cada día es en sí mismo distinto y haber llegado a la conclusión de que uno mismo tiene mucho que decir en hasta qué punto puede ser distinto y mejor el día de hoy, de mañana o el que sea, vuelve a hacer renacer la confianza.

La confianza surge cuando uno tiene un mundo de nuevas posibilidades por delante.

Y es sólo cuestión de decidir si esa variedad de vida que se abre con cada nuevo vida puede ser un lienzo blanco sobre el que pintar o un borrón sobre el que sigo haciendo el mismo trazo sobre el trazo de ayer…

Si, ya se que nadie consigue desprenderse súbitamente del ayer. Entre otras cosas, porque el ayer es la mejor escuela.

Pero también nos puede impedir avanzar.

Si el ayer es doloroso y el hoy que se acaba ha sido frío, es responsabilidad solo mía hacer del mañana que ahora empieza algo mejor.

Y a esto ayuda muchísimo saber que cada día el contador se pone a cero y, realmente, pueden ocurrir una infinidad de cosas nuevas.

Si, cada día puede ser una vida que puedo elegir vivir de manera distinta. O no.

Pero es un lujo saber que, a poco que me esfuerce y haya un pelín de suerte, tengo más de mil vidas por delante.

Mil vidas para compartir, vivir, sentir, corregir y volver a vivir.

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